Coronavirus: Así enfrentaron la epidemia algunas ciudades asiáticas muy pobladas


SINGAPUR — Dos horas. Ese es todo el tiempo que tienen los equipos médicos de Singapur para descubrir los primeros detalles de cómo fue que sus pacientes contrajeron el coronavirus y a qué personas pudieron infectar.

¿Viajaron al extranjero? ¿Tienen algún vínculo con uno de los cinco grupos de contagio identificados en toda la ciudad Estado? ¿Tosieron encima de alguien en la calle? ¿Quiénes son sus amigos y familia, con quiénes se van a tomar un trago y con quiénes comparten sus rezos?

Mientras las naciones de Occidente enfrentan la propagación descontrolada del coronavirus, la estrategia de Singapur, de moverse con rapidez para localizar y realizarles pruebas a casos sospechosos, es un modelo para mantener controlada la epidemia, aunque no aniquila por completo las infecciones.

Con un detallado trabajo detectivesco, los rastreadores gubernamentales de contactos encontraron, entre otros, a un grupo de entusiastas de la música que cantaban juntos y expulsaban gotículas respiratorias, con lo que propagaron el virus a sus familias y luego a un gimnasio y una iglesia, y terminaron por formar la mayor concentración de casos en Singapur.

“Queremos estar uno o dos pasos adelante del virus”, comentó Vernon Lee, director de la división de enfermedades contagiosas del Ministerio de Salud de Singapur. “Si persigues el virus, siempre estarás en desventaja”.

Singapur, junto con Taiwán y Hong Kong, cuenta con estrategias exitosas, al menos hasta el momento, para combatir una pandemia que ha infectado a más de 182.000 personas y ha cobrado la vida de al menos 7300 en todo el mundo. A pesar de haber registrado los primeros casos del virus hace meses, estas tres sociedades asiáticas han detectado apenas un puñado de muertes y relativamente pocos casos, aunque siguen enfrentando riesgos pues la gente que proviene de focos nacientes de infección en Estados Unidos, Europa y cualquier otra parte del mundo transporta el virus.

La intervención temprana es clave, al igual que un rastreo minucioso, cuarentenas obligatorias y un distanciamiento social meticuloso, todo bajo la coordinación de líderes dispuestos a actuar rápido y a ser transparentes.

En Singapur, la información sobre los lugares donde viven, trabajan y juegan los pacientes se divulga rápidamente en línea, y esto permite que los demás se protejan. Los contactos cercanos de los pacientes son sometidos a una cuarentena para limitar la propagación. Esta semana, el gobierno fortaleció aún más sus fronteras para protegerse en contra de una nueva ola de infecciones importadas.

Algunas de estas lecciones llegaron demasiado tarde a Estados Unidos y Europa, donde el contagio se está propagando mientras algunos gobiernos demoran y debaten las medidas.

Además, los sistemas de monitoreo en Singapur, Taiwán y Hong Kong fueron perfeccionados a lo largo de varios años, después de haber tenido fallas para detener otro brote peligroso —el SRAS— hace 17 años. Estados Unidos disolvió su unidad de respuesta pandémica en 2018.

También está la duda de cuán replicable es este modelo de los centros asiáticos más pequeños en los grandes países occidentales donde las personas podrían irritarse por el aprovechamiento de cámaras de circuito cerrado de televisión o de los registros de inmigración para la salud de todo un país. Este tipo de control de enfermedades infringe las libertades individuales, y lugares como Singapur, donde se prohibió la goma de mascar, hay más disposición a aceptar órdenes del gobierno.

“Quizás sea por nuestro contexto asiático, pero nuestra comunidad está un poco preparada para esto”, dijo Lalitha Kurupatham, subdirectora de la división de enfermedades transmisibles en Singapur. “Seguiremos luchando, porque el aislamiento y la cuarentena funcionan”.

Singapur, un país rico y ordenado ha pasado años construyendo un sistema de salid pública que incluye clínicas especiales para epidemias y un sistema de mensajería oficial que insta a las personas a lavarse las manos y a estornudar en un pañuelo durante la temporada de influenza. La Ley de Enfermedades Infeciosas le da a este estado nación una amplia facultad para priorizar el bien común por encima de las precupaciones de privacidad.

“En tiempos de paz planeamos para epidemias como esta”, dijo Kurupatham.

Como la responsable del programa de rastreo de contactos en Singapur, ha estado trabajando 16 horas al día durante dos meses y su descripción de una guerra contra la enfermedad está en función de la vulnerabilidad al contagio. Singapur es un puntito rojo en el mapamundi pero también una isla densamente poblada donde cada vuelo es internacional.

En los primeros días del brote, Singapur fue muy vulnerable debido a una gran población de China continental que llegó durante las festividades del Año Nuevo chino.

Las decenas de casos confirmados en Singapur son el reflejo de la disponibilidad gratuita y generalizada de las pruebas. Muchos fueron casos leves que de otra forma no habrían sido diagnosticados. Sin embargo, Singapur se apresuró para detener la posibilidad de una transmisión desbocada a nivel local.

“Hasta que se supo de Italia, Corea e Irán, Singapur era el peor caso aparte de China”, comentó Linfa Wang, director del programa de enfermedades infecciosas nacientes de la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional de Singapur-Duke. “¿Por qué no nos sentimos así? Porque el gobierno es muy transparente y porque esa cifra significa que somos muy eficaces en el rastreo y aislamiento de cada caso”.

A pesar del pánico que surge en todas partes, la mayoría de los singapurenses no usa cubrebocas en la calle porque el gobierno les ha dicho que no es necesario para su seguridad. La mayoría de las escuelas están abiertas, aunque con almuerzos espaciados entre sí para evitar las grandes multitudes. Hay bastante papel de baño.

Hasta el martes por la noche, Singapur tenía 266 casos confirmados. Tan solo una fracción son misterios, pues no están relacionados con un viaje del extranjero ni con grupos de infección locales previamente identificados, los cuales incluyen iglesias y una cena privada.

Cerca de 115 pacientes han sido dados de alta del hospital. Singapur no ha registrado muertes por el coronavirus.

Cuando los rumores de un misterioso virus respiratorio comenzaron a circular en China a principios de año, Singapur se movió con rapidez. Fue uno de los primeros países en prohibir la entrada a todos los viajeros de China continental, a partir de finales de enero. Los escáneres térmicos medían las temperaturas de todos los que llegaron al país.

En una nación de 5,7 millones de residentes, Singapur desarrolló rápidamente la capacidad de administrar pruebas de coronavirus a más de 2000 personas por día. En el estado de Washington, uno de los lugares más afectados en los Estados Unidos, los laboratorios públicos tienen como objetivo procesar 400 muestras al día.

En Singapur, las pruebas son gratuitas, al igual que el tratamiento médico para todos los residentes. Singapur tiene 140 rastreadores de contactos que hacen esquemas de la historia clínica de cada paciente, junto con la policía y los servicios de seguridad que hacen el trabajo en la calle.

Después de semanas de investigación y con el uso de una nueva prueba de anticuerpos que puede detectar a la gente que se ha recuperado, los funcionarios de salud pudieron relacionar dos aglomeraciones de 33 personas en iglesias con una cena para celebrar el Año Nuevo chino a la que asistieron miembros de ambas congregaciones. La gente que transmitió la enfermedad entre las dos iglesias nunca mostró síntomas graves.

Los contactos cercanos de los pacientes son puestos en cuarentena obligatoria para impedir un mayor contagio. Casi 5000 han sido aislados. Las personas que no cumplan con las órdenes de cuarentena pueden enfrentar cargos penales.

En Singapur, a todos los pacientes con neumonía se les hace la prueba del coronavirus; también a las personas que están de gravedad. Se han identificado casos positivos en el aeropuerto, en clínicas gubernamentales y, con mayor frecuencia, por medio del rastreo de los contactos.

El brote del SRAS en 2003 moldeó el régimen epidémico de Singapur, cuando de 238 casos confirmados murieron 33. Al igual que en Hong Kong, los trabajadores del sector salud fueron algunas de las bajas en Singapur.

En Hong Kong, el inmenso número de muertos que causó el SRAS, casi 300 personas, ha provocado que en esta ocasión los habitantes del territorio semiautónomo chino ejerciten sus músculos vestigiales de prevención de enfermedades, a pesar de que en un inicio las autoridades locales hayan titubeado para determinar si debían cerrar la frontera con China continental. Casi todo el mundo, al parecer, comenzó a usar desinfectante para manos. Los centros comerciales y las oficinas instalaron escáneres térmicos.

“Lo más importante es que la gente de Hong Kong tiene recuerdos profundos del brote del SRAS”, mencionó Kwok Ka-ki, un legislador de Hong Kong que también es doctor. “Todos los ciudadanos hicieron su parte, incluido el uso de cubrebocas, el lavado de manos y la toma de precauciones necesarias, como evitar lugares llenos de gente y reuniones”.

Con el tiempo, el gobierno de Hong Kong tomó medidas equivalentes a la cautela del público. Se restringieron los cruces fronterizos. Los funcionarios públicos recibieron la orden de trabajar desde casa, y esto provocó que las empresas hicieran lo mismo. Cerraron las escuelas en enero, al menos hasta finales de abril.

Taiwán actuó incluso más rápido. Como Hong Kong y Singapur, Taiwán estaba conectado con vuelos directos a Wuhan, la ciudad china donde se cree que se originó el virus. A finales de diciembre, el centro de comando nacional para la salud de Taiwán, el cual se creó después de que el SRAS cobró la vida de 37 personas, comenzó a ordenar exámenes para los pasajeros provenientes de Wuhan, incluso antes de que Pekín admitiera que el coronavirus se estaba propagando entre humanos.

“Como aprendimos nuestra lección con el SRAS, en cuanto comenzó el brote, adoptamos una estrategia interdepartamental”, comentó Joseph Wu, el ministro de Exteriores de Taiwán.

Para fines de enero, Taiwán había suspendido los vuelos desde China, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud aconsejó no hacerlo. El gobierno también acogió el uso de los macrodatos, al integrar su base de datos nacional de seguros de salud con su información sobre inmigración y aduanas para rastrear casos potenciales, señaló Jason Wang, director del Centro de Prevención, Resultados y Políticas de la Universidad de Stanford. Cuando se descubrieron los casos de coronavirus en el crucero Diamond Princess después de una parada en Taiwán, se enviaron mensajes de texto a todos los teléfonos móviles en la isla, con la lista de cada restaurante, sitio turístico y destino que habían visitado los pasajeros del barco durante su tiempo en tierra.

Hasta el martes, Taiwán había registrado 77 casos de coronavirus, aunque sus críticos están preocupados de que las pruebas no tengan una distribución suficiente. Los estudiantes regresaron a clases a finales de febrero.

Con las nuevas oleadas del virus en todo el mundo, los funcionarios de salud pública en los tres lugares se están preparando para una pelea más larga.

El martes, el gobierno de Hong Kong, donde solo se confirmaron 157 casos, anunció una cuarentena obligatoria de 14 días para todos los viajeros del extranjero a partir de esta semana.

Taiwán requerirá la cuarentena para las personas provenientes de una lista de 20 países y tres estados estadounidenses.

La semana pasada, el primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong, advirtió que la cantidad de casos en el país va a aumentar de forma considerable. El martes, Singapur anunció 23 nuevos pacientes con coronavirus, la suma más alta en un solo día, con 17 casos importados.

La ciudad-estado ha restringido aún más sus fronteras. Las llegadas desde el sureste asiático y las regiones de Europa deben someterse a catorce días de cuarentena autoimpuesta.

“El mundo solo es tan bueno como lo sea su eslabón más débil”, comentó Lee, director de la división de enfermedades contagiosas de Singapur. “Las enfermedades no respetan fronteras”.

nytimes.com

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