Papa contrario al pago de la deuda pública con "sacrificios insorportables"

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El papa Francisco afirmó este miércoles, citando a Juan Pablo II, que "no se puede pretender que las deudas contraídas sean pagadas con sacrificios insoportables", en aparente apoyo al gobierno argentino.

Citando palabras que Juan Pablo II profirió en 1991, Francisco entró en el candente debate sobre la deuda soberana de los países durante un seminario organizado en el Vaticano por la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales y al que asistieron entre otros la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva y el ministro de Economía de Argentina, Martín Guzmán, sentados uno al lado del otro.

Sin mencionar directamente a su país natal, el papa argentino abordó una de las prioridades del gobierno de Alberto Fernández, al que recibió el pasado 31 de enero en el Vaticano y a quien le prometió ayuda frente a las negociaciones con los acreedores por la inmensa deuda externa que aflige a su país.

"Las exigencias morales de Juan Pablo II en 1991 resultan asombrosamente actuales hoy: 'Es ciertamente justo el principio de que las deudas deben ser pagadas. No es lícito, en cambio, exigir o pretender su pago cuando este vendría a imponer de hecho opciones políticas tales que llevaran al hambre y la desesperación a poblaciones enteras'", dijo Francisco.

"'No se puede pretender que las deudas contraídas sean pagadas con sacrificios insoportables'", dijo el papa al citar la encíclica del pontífice polaco.

Francisco, como Juan Pablo II hace 28 años, pidió a los dirigentes mundiales "encontrar modalidades de reducción, dilación o extinción de la deuda, compatibles con el derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y el progreso".

El pontífice latinoamericano, que vivió en primera línea las dificultades económicas causadas por la colosal deuda de su país, recordó también que los países muy endeudados han "soportado cargas impositivas abrumadoras", que han perjudicado profundamente el "tejido social" y por ello instó a "nuevas formas de solidaridad" y a una "nueva ética".

- Cambiar las reglas -

A los líderes financieros y especialistas económicos presentes, que conocen "las injusticias de nuestra economía global" los invitó a trabajar para renovar la arquitectura financiera internacional y en la "nivelación ente países", dijo.

"El mundo es rico y, sin embargo, los pobres aumentan a nuestro alrededor", lamentó el pontífice tras citar una serie de cifras sobre la pobreza en el mundo.

"Estas realidades no deben ser motivo de desesperación, sino de acción", instó.

"No estamos condenados a la desigualdad universal", añadió.

"Si existe la pobreza extrema en medio de la riqueza (también extrema) es porque hemos permitido que la brecha se amplíe hasta convertirse en la mayor de la historia", dijo.

Las palabras del papa fueron aplaudidas por los asistentes, entre ellos los ministros de Hacienda de México, de Economía de Paraguay y El Salvador, además de la directora de CEPAL, Alicia Bárcenas y expertos como Joseph Stiglitz y Jeffrey Sachs.

"Nuestro sistema económico ha arrojado excesivas desigualdades", admitió por su parte Goergieva, tras recalcar que ese es justamente uno de los factores del descontento que se ha registrado en varios países de América Latina.

Paralelamente la directora del FMI y el ministro argentino tuvieron un encuentro privado el día anterior en Roma que ambos calificaron de "constructivo".

El apoyo de la entidad internacional es clave para que Argentina pueda renegociar la deuda.

Un tema que fue abordado por el premio Nobel de Economía en 2001, Stiglitz, quien recordó que 40 años de políticas neoliberales "han fracasado".

Una visión compartida por el ministro argentino Guzmán, discípulo del economista y profesor estadounidense.

"Se necesita un cambio en las reglas de la economía. Ha habido desequilibrio y mal uso del poder", dijo el ministro tras anunciar que su país hará un esfuerzo para resolver el problema de la deuda "de manera ordenada" y sin "austeridad fiscal".

Una solución que garantizaría estabilidad a toda América Latina, según el joven ministro, de 37 años, encargado de recomponer una de las economías más inestables de la región.

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