Con hoteles de lujo, elegantes barrios residenciales, un aeropuerto moderno o una torre de 345 metros, Egipto espera asombrar al mundo con su nueva capital en pleno desierto, un proyecto que dista mucho de generar consenso

 
Con hoteles de lujo, elegantes barrios residenciales, un aeropuerto moderno o una torre de 345 metros, Egipto espera asombrar al mundo con su nueva capital en pleno desierto, un proyecto que dista mucho de generar consenso.

"Tenemos un sueño", suelta Jaled El Husseiny, a quien las autoridades encargaron que presentara el sitio ante una quincena de periodistas extranjeros coincidiendo con una visita oficial.

A 45 kilómetros al este de El Cairo, entre las carreteras de Suez y de Ain Sokhna, varios camiones circulan por las vías recién estrenadas a través de una ancha extensión de arena prácticamente virgen.

En la obra de la futura sede del Consejo de Ministros, los obreros construyen el distrito gubernamental, donde se situará el palacio presidencial, el parlamento, 32 ministerios y varias embajadas.

"Trabajo más de 12 horas diarias en esta obra inútil donde nadie viene a vernos", confía uno de ellos, moreno y con un pañuelo a la cabeza para protegerse del sol.

"¿Quieres salir en la tele? ¿No? ¡Entonces vuelve al trabajo!", le grita furioso el capataz.

Anunciada en 2015 por el presidente Abdel Fattah Al Sisi, esta nueva capital empezó a construirse oficialmente en octubre y debería estar operativa en 2019, para acoger progresivamente a más de seis millones de habitantes en unos 170 kilómetros cuadrados.

Las autoridades aseguran que quieren responder a la superpoblación de El Cairo, conocida por sus interminables atascos. Se espera que la población del Gran Cairo, de 18 millones de habitantes en la actualidad, alcance los 40 millones para 2050, según cifras oficiales.

- Enésima ciudad nueva -

Sin embargo, el proyecto apenas convence a urbanistas e inversores.

Con sus edificios de paredes blancas y grises y los inclinados techos de ladrillo, el primer barrio residencial de la nueva capital se parece a aquellos que ya rondan la treintena de las nuevas ciudades construidas en Egipto desde los años 1960.

Inspiradas en el modo de vida estadounidense y del Golfo, están apartadas, suelen ser caras y el transporte público no llega.

Una de las más emblemáticas es la ciudad del Seis de Octubre, construida en los años 1980 y pensada para dar cobijo a seis millones de almas para 2027.

En principio, cuatro millones de personas debían vivir en Nuevo Cairo, una ciudad construida a principios de los años 2000 al este de El Cairo, según la Autoridad de las Nuevas Comunidades Urbanas (NUCA). Alrededor de 1,5 millones de cairotas viven actualmente en esta ciudad, donde se domiciliaron bancos y empresas.

"La nueva capital se podría comparar con Nuevo Cairo", considera Ahmed Zaazaa, arquitecto y urbanista de 10 Tooba, un grupo de investigadores que promueve una política urbana alternativa. Con sus alejados centros comerciales y sus calles sin vida, "no es ningún éxito que pueda servir de modelo".

Las autoridades aseguran que el nuevo proyecto es diferente. "Será una ciudad inteligente con tecnologías modernas", promete el general Ahmed Zaki Abdin, que dirige la entidad encargada de gestionarla, la Administrative Capital for Urban Development (ACUD).

- Inversores cautos -

"El ministerio de Defensa en un 51% y el de Vivienda, en un 49%" son los financiadores del proyecto, precisa El Husseiny a la AFP.

De momento, el Gobierno cuenta con los empresarios egipcios habituales. El nombre de Orascom, la empresa de construcción y de obras públicas del a familia multimillonaria Sawiris, domina en varias obras.

Hisham Talaat Mostafa, magnate inmobiliario recién salido de prisión por el asesinato de su amante en 2008, adquirió por su parte 2 km2 de terreno.

Junto a él, solo unas cuantas empresas del Golfo y un socio chino mostraron interés por este proyecto faraónico, que oficialmente costará 45.000 millones de dólares en un Egipto en pleno marasmo económico.

Por su parte, China State Construction Engineering Corporation (CSCEC) firmó en octubre un contrato de 3.000 millones de dólares para la construcción de un gran centro de negocios.

"Somos muy optimistas en cuanto a la participación de empresas chinas en la nueva capital", asegura Han Bing, ministro encargado de los asuntos comerciales de la embajada de China en El Cairo.

Aún así, insiste en la necesidad de que haya estabilidad política y un entorno favorable a las inversiones extranjeras, meses antes de las presidenciales a las que en principio se presentará el exjefe del ejército y actual presidente.
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