Después de recorrer muchas editoriales sin éxito la Academia de Historia Militar, se interesa por este relato que hace el soldado José Miguel Varela de la Guerra del Pacífico, la incorporación de los territorios al sur del Biobío, la llamada pacificación de La Araucanía y la Guerra Civil de 1891. Publicando en el 2014 estos antiguos apuntes biográficos que se han transformado en todo un fenómeno de ventas


“UN VETERANO DE TRES GUERRAS”, ENTREVISTA CON SU AUTOR EL PERIODISTA GUILLERMO PARVEX

Después de recorrer muchas editoriales sin éxito la Academia de Historia Militar, se interesa por este relato que hace el soldado José Miguel Varela de la Guerra del Pacífico, la incorporación de los territorios al sur del Biobío, la llamada pacificación de La Araucanía y la Guerra Civil de 1891. Publicando en el 2014 estos antiguos apuntes biográficos que se han transformado en todo un fenómeno de ventas.

¿Cómo llegan estos manuscritos a tus manos y que hoy corresponden a tu exitoso libro “Un Veterano de Tres Guerras”?

-Mi abuelo en los años 20 era amigo de José Miguel Varela y participa en la redacción de esos manuscritos en Valdivia, haciendo anotaciones de las conversaciones con Varela.

Déjame entender, ¿el manuscrito no es de Varela?

-Mira hay una mezcla ahí de cosas. De las conversaciones mi abuelo comienza a tomar nota de lo que le contaba Varela y en algún momento Varela le dice a mi abuelo que también tenía unos escritos de campaña y que si quería ocuparlos y transcribirlos para hacer un diario o algo así, lo hiciera. Por tanto, yo me encontré con conversaciones muy taquigráficas de mi abuelo con Varela y por otra parte las transcripciones de los diarios de campaña y de vida que había escrito el propio Varela y todo eso quedó al final en unas 600 hojas con distintos membretes, como de la cruz roja, de salitreras y bancos. También distintos tipos de papel, luego mi abuelo se vino a Santiago y se trajo todos estos apuntes sin hacer nada con ellos.

¿Y qué año sería ese?

-Estoy hablando de 1920- 1922. Pero en el año 1965 mi abuelo me regaló un paquete con todos esos apuntes siendo yo chico tenía 11 años. Me dijo: mira aquí hay una historia bien bonita de un soldado de la Guerra del Pacífico…ah ya gracias tata- le dije- y lo guarde. Como niño no le di mayor importancia, uno está en otra. Y luego a los 6 meses él murió.

¿Era el papá de quién?

-De mi mamá. Yo al abuelo le tuve mucho cariño, éramos muy amigos, pero el fardo de manuscritos quedó ahí. Comencé a crecer y con esto los cambios de casa y siempre agarraba los libros que me había dejado mi tata y el montón de hojas, pero no lo habría. Y así fue pasando el tiempo, después me case y me volví a cambiar varias veces de casa.

¿Pero cómo pasaron tantos años y nunca leíste nada de esos manuscritos, no fuiste curioso?

-Mira me daba cosa desamarrar ese paquete que había hecho mi abuelo, pero yo lo único que sabía era lo que me había dicho él, que era la historia de un soldado.

¿Y cómo estudiante de periodismo tampoco se te ocurrió aprovechar esa historia?

-No…imagínate cuando yo me case en 1981 me fui a vivir a un departamento y el manuscrito quedó en el entretecho de la casa de mis padres. Y el 2004 ellos se fueron a vivir a un departamento también, por tanto, les ayude a desarmar todo y encontré este montón de hojas todavía envueltas y me las llevé para mi casa. Yo tenía alta pega, mi familia estaba veraneando y cuando llegué ese día lo baje del auto, lo abrí y los papeles se desarmaban solos. Piensa que esos escritos ya tenían 80 o 90 años, en un techo húmedo sin ninguna protección. Entonces esa misma noche, tengo que haber empezado como a las ocho a leer y me costó mucho la letra borrosa, pero me di cuenta que estaba en presencia de algo histórico y el primer alto lo hice a las 5 de la mañana.

¿Y esto estaba en un orden cronológico… era fácil de seguir?.

-Las hojas estaban todas enumeradas, pero en la hoja número uno en sus dos primeros párrafos Varela hablaba de su notaria en Valdivia, después había una raya y contaba algo de cuando estaba en Lima en 1880. Y así, eran todos los papeles, algunos con lápiz grafito otros con lápiz mina. Por tanto, comencé a transcribir todo tal cual estaba sin preocuparme de ordenarlo y me demoré tres meses. Luego le di un orden cronológico y le encontré el sentido, el valor de lo que ahí taba escrito, ya que era el testimonio de una persona desconocida, de un chileno de esfuerzo, pero ilustrado.

¿No te pareció novelesco el relato y que fuera todo ficción, parte de la imaginación de tu abuelo?.

-Dudé cuando terminé el ordenamiento cronológico y entendí bien el sentido de lo que ahí estaba. Suponía que el Sr Varela y mi tata le habían puesto mucho “color”. Y comencé a investigar a Varela y partí por el registro civil, que parecía tan fácil, me costó tres meses de archivos en distintas oficinas, al fin lo encontré en una bodega del registro de Recoleta y ahí dije José Miguel Varela existe. Ahora la pregunta era ¿habrá sido militar este personaje?. Entonces me fui al archivo general del ejército,- donde tienen la hoja de vida de todo ciudadano que haya estado en el ejército-, se demoraron un par de semanas en encontrarla y me entregaron una copia y todo calzaba perfecto; cuando se había reclutado, cuando ascendió etc. También fue notario y ahí vamos buscando el archivo de notarios. Fue funcionario del Presidente Balmaceda, secretario de colonización.

Entonces comprobaste que todo era verdad y que estabas en presencia de un relato importante de una parte de nuestra historia. ¿Qué pensaste o que fue lo primero que se te ocurrió hacer?

-Sabía que tenía algo importante y que podía ser un libro. Mira al final de toda la investigación el único error que encontré, fue que Varela decía que lo habían nombrado oficial del ejército el 5 de abril de 1879 y según la hoja de servicio es el 8 de abril de 1879. Y esto puede ser que yo transcribí mal el 5 por el 8. Pero me faltaba saber dónde había muerto este caballero, dónde está enterrado, sus familiares, sus ascendientes. Recorrí tres cementerios en Valdivia y no estaba ahí. Y luego encontré un documento del ejército donde aparecía que lo habían enterrado en el mausoleo de los veteranos del 79, pero cuando llegué ahí no estaba. En el cementerio me decían no si ahí está. Después de bienestar del ejercito supe que tenía una exhumación y traslado a una tumba del Cementerio general donde está todavía. Bueno y esta historia que te la resumo en algunos minutos a mí me demoró cuatro años.

El libro me gustó como desafío para seguir trabajando todo este tiempo en el, sin saber qué suerte iba a correr y lo importante era que revelaba casi una fotografía de la época, que no solo se dedica a la parte bélica, que relata con mucho detalle, lo que comían en la guerra, como eran los médicos después de las batallas, quienes eran. En Santiago relata toda la vida de la capital, los restauranes, las costumbres de navidad. Son 50 0 60 años de la historia de Chile, pero vista por una persona culta y con mucha capacidad de observación.

Dentro de este relato aparece este ejército precario, pobre con poca instrucción o ¿hay otro elemento que podría ser una crítica?

-Hay una crítica que él hace al ejército o más bien al Estado. Es el desamparo en que quedaron los veteranos de la guerra y eso lo llevó a él a un alejamiento de la institución, ahora ese alejamiento tiene otra causa, ya que él siguió en el ejército hasta llegar al grado de Comandante y ahí se retiró con el cargo que lo había nombrado el presidente Balmaceda, que era jefe de colonización de la Araucanía y por este lado el libro ha cobrado mucha fuerza dentro del mundo mapuche,-yo he tenido que dar muchas conferencias-. Varela fue un fiel seguidor de la política de Balmaceda con respecto a la distribución de la tierra y él impidió muchas malas prácticas que ya se producían en esa época por parte de grandes latifundistas.

¿Había un ordenamiento o un instructivo de Balmaceda con respecto a la distribución de tierras?

-Había un paño para los mapuches, otro para los colonos que venían de Europa y el paño de libre disposición que se remataba. Hasta antes que llegara Varela de jefe de esa comisión, se hacía primero el remate, entonces todos los latifundistas subastaban los mejores paños, los segundos a los colones y los más precarios a los mapuches. Al llegar Varela llamó al primer remate y fueron todas las grandes familias que hasta hoy existen, entonces aparecían estos señores de plata a rematar las tierras que ya habían elegido y que no estaban en el plano de Varela, ya que esas se habían entregado a las comunidades indígenas. El aplicó la ley como tenía que ser y eso le costó tres atentados en su contra,- encontré diarios de la época donde se hace mención-. Varela se definía como nacionalista, progresista y “balmacedista”, era muy leal al presidente, pero luego de muchas presiones desde el interior del ejército Varela renuncia a esta comisión. Pero cuando comenzó la revolución del 91 Balmaceda le pidió que volviera al Ejercito y combatió resultando muy grave en Placilla, estuvo prófugo de la justicia tres años, ya que el bando congresista vencedor declaró, lo que hoy podrían ser crímenes de guerra o de lesa humanidad contra todos los oficiales “balmacedistas”, aunque no hayan estado involucrado en ninguna matanza. Aquí la pasó mal y hace un relato de los hospitales de la época.

¿Entonces definitivamente estamos hablando un hombre bastante brillante para su época?

-Durante mucho tiempo siendo militar y después como civil él se dedicó hacer clases en liceos de Santiago y Temuco. José Miguel Varela tenía la idea de que el país podía avanzar en la medida que surgieran los chilenos y eso se hacía educándolos bien. Después de la guerra el volvió a ejercer su profesión de abogado y notario, terminando con una muy buena vida…y esas son las peripecias casi novelescas de Varela.

En el relato que hace Varela de la guerra, me imagino que aparecen elementos dramáticos y crueles. ¿Cómo se lo tomó el ejército actual?

-Para los militares el libro ha cobrado un tremendo valor, porque es el primer testimonio de la Guerra del Pacifico como fuente primeria, donde una persona decía la verdad, aunque hay muchos. Existen varios diarios de la guerra como Alberto del Solar, Arturo Benavides, en fin hay otros. El hace un relato del terror, del pánico que él sentía. Y esto lo valoraron mucho los militares, por eso cuando vieron los borradores del libro dijeron que este es el primer memorialista que cuenta la verdad, los demás fueron héroes y ninguno tuvo miedo, en cambio Varela tenía pánico, no le salía la voz, hace un relato donde él no se posesiona como un superhombre, con todas las debilidades de un hombre, el habla por ejemplo, que en las batallas se orinaban de susto.

¿Aquí el valiente soldado se orinaba?

-Claro…pero ganaba y sentía que la voz le retumbaba, el corazón se le salía, que trataba de afirmar sus manos en la montura, en fin, aquí hay una narración muy real del hambre, del sueño y la fatiga.

¿El éxito del libro también ha sido en el mundo no militar, a que atribuyes esto?

-Para el mundo civil la importancia que le ha dado la gente es que es un libro creíble, cuenta la historia tal como es, aparecen los saqueos que los soldados chilenos hicieron en Chorrillos,-que eso la historia militar siempre lo ha ocultado o no dice que es mentira, pero tampoco que es verdad-. Varela cuenta que le toco ir a controlar a los soldados chilenos y relata a cuantos soldados chilenos descontrolados mataron ellos y lo habla con dolor. Esta misma razón ha tenido para que el libro sea bien valorado en Perú, donde también se está vendiendo.

¿A este soldado José Miguel Varela le pudiste seguir la huella hasta su muerte?

-Claro, lo investigué hasta el final de sus días y lo incluí en el libro. Y quiero agregarte algo, este es el relato de un chileno común y corriente. Muy observador, muy ilustrado que relata la guerra del Pacifico de una óptica creíble y personal. Habla de la vida de Santiago, de la educación, de la salud, del problema mapuche en el sur, entonces le ha interesado a un grupo muy trasversal. Me han invitado hablar del libro a la Academia de Guerra y al otro día estaba yo en Temucuicui con 200 mapuches haciendo lo mismo. Después he estado en Universidades tan disímiles como La Adolfo Ibáñez, La Católica, La Frontera, La Arcis. Me he dado cuenta que les interesa a todos el libro. Ya que cada uno le llega una parte que le interesa. Lo mismo pasa con los comentarios que me han hecho del libro, de distintas tendencias políticas. Mira el libro lo encuentra bueno Teillier y Novoa, Villegas y la Tohá. Entonces ahí tenemos un libro que está contado no con un motivo ideológico.

A propósito que mencionaste el tema mapuche, ¿se ha hecho todo lo posible por solucionar este conflicto o piensas que falta mucho por hacer?

-El tema mapuche tiene varias etapas, pero la principal a mi juicio es la que se inició en 1886 cuando el gobierno de Chile a través del General Urrutia, hizo lo que se llamó la pacificación de la Araucanía. Esa fue realmente una pacificación, los mapuches quedaron claritos con sus terrenos, quedaron muy claros que tenían una autonomía y que había un pacto firmado, que en caso de guerra los mapuches apoyaban a Chile, que se comprometían a no dejar entrar a los argentinos por la zona de Lonquimay. En el fondo los mapuches quedaban a cargo de la frontera. Después esto se continuó con los gobiernos posteriores hasta Balmaceda. Pero después vino la debacle, ya que se paró toda esta política de la repartición de tierras fiscales.

¿Entonces el conflicto se origina después de Balmaceda?

-Sí, pero no lo origina el Estado, es responsabilidad de un grupo de personas, que yo diría eran aventureros, gente que no tenía nada que hacer, que no tenía plata ni recursos. Llevaban 4 barriles de aguardiente los descargaban en Angol o en Temuco para venderlo y cuando los indios no tenían para pagar más aguardiente, detrás iba el testaferro, esta especie de notario y vamos cambiando tierras por aguardiente. Ahora a ningún Mapuche se le asalto y se le robo un terreno,- los cambiaron transgrediendo la ley-, ya que de acuerdo a la ley de colonización, los títulos que se entregaban eran de carácter indefinido e intransferibles.

¿Fue ingenuo el Mapuche en ese tiempo?

-Sí, y ahora están pagando esa ingenuidad. Mira yo encontré documentos donde un mapuche cambiaba una hectárea por un caballo.

Se habla de que esta “gente de la tierra” o mapuche eran flojo,¿ eso es mito o algo de eso también hay?

-Yo trabajé varios años en Temuco como periodista y conocí la realidad de la Araucanía y las que trabajan son las mujeres.

¿Será porque a los hombres se les acabó la guerra?

-Si tú los analizas socialmente, los mapuches nunca desarrollaron ningún trabajo y la tierra se les dio por un acuerdo, pero ellos nunca fueron un pueblo sedentario, toda la vida fueron nómades, recolectores. Nunca fueron productores. Si tú miras a los Diaguitas, Los Aimaras o Los Incas, ellos tienen vestigios claros de su cultura asentada, tienes agricultura, tienes construcción y los mapuches no tienen nada, ni siquiera las rucas, ya que estas se desalman y se suben a una carreta. No tenían obras de regadío ni lugares ceremoniales. Yo creo que el pueblo mapuche es un pueblo sin mucha identidad y no eran un pueblo eran grupos de comunidades. Entonces este desorden social que ellos tenían llevó a que les quitaran sus tierras.

Te hago esta pregunta de periodista a periodista, ¿crees que los medios de comunicación están manejando de alguna manera el conflicto mapuche y pareciera que ellos son los malos de esta película?

-Yo creo que hay dos cosas en eso, hay un sector de la prensa que digamos culpa al empresariado de estos atentados y otro sector de la prensa que habla de que las FARC está

n metida con los mapuches. Y creo que las dos cosas son verdad. Pero todo va a quedar claro cuando el 30 de noviembre se declare la independencia del pueblo mapuche y ahí se va a demostrar que el pueblo mapuche si ha organizado una lucha armada por mucho tiempo, a la cual el gobierno de Bachelet, Piñera y Lagos, se hicieron los lesos, quisieron no verla y ahora cuando vengan a mirar se van a dar cuenta que tienen un estado dentro de otro.

Sin duda que “Un Veterano de tres Guerras”, es un registro histórico de una parte de nuestra historia, donde este ciudadano Varela que tenía un buen trabajo, sintió el llamado del deber con la patria y se presentó voluntario, en momentos que era un reclutamiento obligado y los otros reclutas se burlaron de él, pero este soldado se tomaba la guerra como una aventura en un principio, sintiéndose posteriormente muy acompañado, ya que era un huérfano. A los amantes de la historia les llegará profundamente este libro con sus 478 páginas y una apasionante lectura que comienza en el “Regimiento Granaderos a Caballo” en 1879 y que termina con los trágicos hechos de la Guerra Civil de 1891.

fuente: Por Miguel Alvarado Natali

Crónica Digital
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