Hace veinte años ya del nacimiento de Dolly, la primera oveja clónica, el primer clon jamás criado. De hecho, el aniversario fue en julio de 2016. Y sin embargo, los clones en ganadería no son en absoluto comunes


Hace veinte años ya del nacimiento de Dolly, la primera oveja clónica, el primer clon jamás criado. De hecho, el aniversario fue en julio de 2016. Y sin embargo, los clones en ganadería no son en absoluto comunes. Al contrario, son aún una excepción. ¿Cómo es posible que aún no se haya puesto en marcha la tecnología necesaria? Un artículo reciente da algunas respuestas.

La técnica que se empleó para clonar a la oveja Dolly, la única que ha demostrado su eficacia hasta el momento, se conoce como transferencia nuclear de células somáticas. Consiste en obtener el núcleo de una célula sana del animal que se quiere clonar, e introducirlo en un óvulo al que se ha retirado el núcleo. El siguiente paso es dar una pequeña descarga eléctrica, que sirve como señal para que se ponga en marcha la maquinaria celular. Tras esto, se implanta en la “madre” y el desarrollo sigue como en un embarazo normal.

Solo que no lo hace. Y falla de manera, dicho de un modo directo, catastrófica. Estamos hablando de menos de un diez por ciento de embriones clónicos que llegan a dar un embarazo. De estos, no todos se convierten en adultos sanos.

Pero ¿qué es lo que ocurre? Para empezar, que estos óvulos clónicos no “saben entenderse” con las madres gestantes. Cuando comienza un embarazo se produce una comunicación hormonal entre el óvulo fecundado y la madre, que permite que ésta prepare el útero para la implantación.

Por desgracia, los óvulos clónicos no generan las hormonas necesarias. Los genes encargados de producir estas sustancias no están activas en las células de un adulto. Y el genoma de los embriones clónicos es el de un adulto, así que no producen las hormonas.

Salvo en algunos casos, claro. Si no, no habría ningún caso exitoso. Superado el primer paso, aún quedan varios más. Porque los óvulos fecundados no sólo tienen que “avisar” a la madre, vía hormonas, de que están allí. Necesitan desarrollar toda una serie de sustancias y estructuras – denominadas extraembriónicas – que son imprescindibles para que el embarazo pueda funcionar. Entre ellas, todas las envolturas que protegen el feto. La más importante de ellas es la placenta, sin la que las crías de mamífero no son capaces de sobrevivir.

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